Captación, calificación, seguimiento, agendamiento y retención, funcionando como un solo sistema. Con un equipo que lo opera contigo hasta que tu equipo pueda sostenerlo solo.
No vendemos un servicio mensual sin final. Construimos el sistema, lo operamos con tu equipo mientras aprende, y llega el día en que ya no nos necesitas para que funcione.
Analizamos tu negocio y tu competencia, definimos a quién hay que traer, y armamos las cinco etapas: plataforma configurada, agente de IA, calendarios, secuencias y campañas listas para salir.
Durante los primeros tres meses lo operamos nosotros, con tu equipo adentro. Grupo de WhatsApp con un account manager asignado y reunión semanal de capacitación con el equipo que va a quedarse a cargo.
Tu equipo queda operando el sistema. Las reuniones pasan a ser mensuales para revisar métricas y decidir qué cambia, y seguimos disponibles cuando algo puntual lo pide.
Es la etapa que todos venden, y la única que no alcanza sola. La hacemos bien porque es la puerta de entrada de todo lo demás, no porque sea lo que nos define.
Las campañas las construimos y las gestionamos nosotros. Tú apruebas los mensajes y las imágenes antes de que salgan al aire, y tu account manager te avisa por WhatsApp qué se cambió cada semana y por qué.
Aquí empieza lo que una agencia no hace. Un agente de inteligencia artificial atiende la primera conversación, responde en segundos y separa a quien tiene intención real de quien está mirando.
El guion del agente lo escribimos juntos: tú defines qué puede decir, qué no puede decir y en qué momento tiene que pasarle la conversación a una persona. Lo revisamos en la reunión semanal con las conversaciones reales de esa semana sobre la mesa.
El primer mensaje siempre se contesta. El tercero depende de la memoria de alguien, y nadie se acuerda cuando entran veinte consultas por semana. Es la etapa donde más dinero se pierde en silencio.
Los mensajes los escribimos con las palabras que ya usa tu equipo, no con un tono de agencia. En la capacitación semanal entrenamos a quien atiende para que pueda editar las secuencias solo, porque es lo primero que van a querer ajustar.
Una cita agendada que no se presenta no es una cita: es la hora de tu equipo pagada igual y el lugar que le negaste a alguien que sí iba a ir. Esta etapa se ocupa de las dos mitades.
El protocolo de recordatorios lo definimos contigo, porque hay decisiones que son tuyas: cuánto esperar antes de liberar un lugar, si va depósito y de cuánto. Después entrenamos a quien atiende los mensajes para sostenerlo, que es la parte difícil.
Es la etapa más barata y la que casi nadie trabaja. Quien ya te compró es el más fácil de recuperar, y es el único ingreso que no necesita presupuesto publicitario.
Antes de armar nada, revisamos juntos qué hay en tu base y en qué estado está. En muchos casos esta etapa se arma primero, porque da resultado antes que cualquier campaña nueva y financia el resto.
Con un solo número no se puede tomar ninguna decisión. Si lo único que mides es cuánto gastaste y cuántos mensajes entraron, no sabes si el problema está en quién llega, en quién atiende, en quién agenda o en quién no se presenta. Y son cuatro problemas distintos, con cuatro soluciones distintas.
Cuánto sale que una persona levante la mano. Solo, no dice nada.
Con cuántas de las que preguntaron se habló de verdad. Es donde más se pierde.
De las conversaciones reales, cuántas quedaron con día y hora. Mide la conversación, no la publicidad.
Cuántas de esas citas se presentaron. El número que casi nadie mira.
Cuánto volvió por cada peso invertido. Los cuatro anteriores existen para poder arreglar este.
Preferimos decírtelo aquí y que no pierdas media hora.
Treinta minutos. Revisamos cómo entran hoy tus consultas, dónde se está cayendo el proceso y qué cambiaría primero. Te llevas el diagnóstico, trabajes con nosotros o no.